Hace mucho tiempo había una perla,
pero no la pequeña bola suave brillante y blanca,
no,
una perla monstruosa.
Estaba situada en un campo hermoso
donde yacía algo monstruoso.
El demonio que conducía La Perla,
que conocemos como Menéndez,
odiaba la vida y se dedicó a destruirla
cada día de su vida.
Él y sus
demonios, eran invasores de la democracia y violaban la ley con mucha gracia.
Y al quien clamaba el derecho a vivir
le quitaban el derecho a existir.
Aunque en sus filas estaban,
ellos los agarraban y los mutilaban.
Y cuando Sergio cumplió 20 años
lo convirtieron en una idea de antaño.
La mamá de Sergio era poeta.
Y el papá médico,
que hacían del mundo un lugar mejor.
Su desaparición es una herida que sigue sangrando.
Y que con mucha dedicación se está curando.
Bruno Aronskind